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Guerra interna, hunde cada vez más a la oposición

Columna

Café con Adorno

Por Raúl Adorno Jiménez


Guerra interna, hunde cada vez más a la oposición


 

Cafe con Adorno, por Raúl Adorno Jiménez
Cafe con Adorno, por Raúl Adorno Jiménez

Agencia Parlamento y Debate.- Parece que la oposición después de la estrepitosa derrota que sufriera el pasado 2 de junio, está en la dinámica de hundirse cada vez más, pues las actuales dirigencias del PAN y el PRI quieren aferrarse a mantener el control de estos institutos políticos.

En cualquier otra parte del mundo una derrota de tales dimensiones conllevaría la renuncia por dignidad de cualquier dirigente o, en su caso, la remoción inmediata por la falta de un buen resultado, pero parece que ni en el PRI ni en el PAN entienden lo que es dignidad y empezaron a embarrarse entre ellos mismos.

Pero más que por las siglas, los actuales dirigentes pretenden seguir sirviéndose con las jugosas prorrogativas que todavía detentan como partidos con registro, pues aunque mermadas por los resultados de los comicios pasados, todavía representan una buena tajada para el grupo que se quede con el control de los partidos y sus recursos.

Pasan los días y lo único que ve la gente, es como el PRI y el PAN iniciaron una feroz guerra interna que deja todavía más claro que más que los compromisos que deberían de tener para con sus electores, lo que los mueve es la ambición por manejar de manera patrimonial no sólo los recursos de las prerrogativas a las que tienen derecho, sino al partido para mantener un espacio político de negociación y chantaje.

Ni Alejandro Moreno (Alito) ni Marko Cortés asumen una mínima actitud de autocrítica y en lugar de hacerse a un lado y reconocer los errores propios, se la pasan acusando al pasado.

Tanto que han criticado a la administración del presiente Andrés Manuel López Obrador, de señalar a personajes del pasado como los responsables de la crisis de inseguridad que hoy padece el país, para que ahora sean ellos los que ratifican que las crisis de sus partidos son saldos que dejaron aquellos que ostentaron el poder bajo sus siglas.

Alito ya señaló a Dulce María Sauri, ex dirigente nacional del PRI por allá del año 2000, cuando perdieron por primera vez la Presidencia de la República, así como a su candidato de aquel año, Francisco Labastida Ochoa, como supuestos responsables del inicio de la debacle tricolor.

Pero Alejandro Moreno se fue más lejos todavía, al recordar el asesinato de su candidato presidencial en 1994, Luis Donaldo Colosio Murrieta, aludiendo sin mencionarlo a Manlio Fabio Beltrones, quien en ese entonces fue protagonista importante en lo que sucedió después del magnicidio y que está por regresar a la política como senador plurinominal del tricolor,

Marko Cortés, por su parte, también se enfrascó en una gresca de dimes y diretes con el ex presidente Felipe Calderón, así como quien fuera su secretario del Trabajo en ese entonces, Javier Lozano Alarcón, con quienes se dio hasta con la cubeta, acusándose mutuamente de la debacle del blanquiazul.

Si bien, Cortés no pretende relegirse, si se puso en primer lugar de las plurinominales para el Senado y quiere dejar en la presidencia nacional del blanquiazul a Jorge Romero, quien forma parte de esa camarilla acusada de haberse apropiado del PAN y dejarlo en una situación de caída libre.

En medio de todo este cochinero, está el debate sobre la sobrerrepresentación que pudiera lograr Morena y sus partidos aliados: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

La sobrerrepresentación se ha convertido en la principal bandera que hoy toma la oposición, apoyados por el ex consejero del INE, Ciro Murayama, así como el asesor de todos los moles Jorge Alcocer, para tratar de limpiar cuando menos en parte, la tremenda derrota que padecieron el pasado 2 de junio.

En un amplio artículo publicado en la revista Nexos y luego en entrevista con Carmen Aristegui, el ex consejero Murayama, sostiene que la sobrerrepresentación equivale al doble de la que permite la Constitución: 16 por ciento sobre 8 por ciento (372 diputados 74.4 por ciento de la conformación de la cámara baja).

“Estamos ante una operación poselectoral que busca inflar el apoyo al oficialismo y para comprimir el voto opositor. En término numéricos de cada 20 votos, once respaldaron al gobierno y el resto a las oposiciones”, insistió en la entrevista.

De manera tramposa, desde mi punto de vista, tanto Murayama como Jorge Alcocer hablan de que se viola el “espíritu constitucional” que limita esta sobrerrepresentación, es decir, ellos están interpretando lo que dice la ley, pero nunca hablan de una violación flagrante a la Constitución.

Paradójicamente en la discusión que tuvo Javier Lozano con Marko Cortés, el primero le hace ver al dirigente nacional panista que la Constitución es muy clara, porque cada partido tiene derecho a una sobrerrepresentación de hasta el 8 por ciento.

El ex secretario del Trabajo calderonista deja muy claro que la Constitución en su artículo 53 señala que la sobrerrepresentación se da por partido político, no por coalición. “El problema es que nos van a aplicar la exégeta, nos van a aplicar la estricta y nos van a decir que esto es por partido y le corresponde, sin son dos partidos, les corresponde el 8 por ciento a cada uno de ellos”, subrayó el político poblano.

Lozano le dejó claro a Marko Cortés que en su momento tuvieron la oportunidad de hacer los cambios necesarios para que la sobrerrepresentación quedara como el 8 por ciento por partido político y/o coalición, pero no lo hicieron, porque con esta misma fórmula lo mismo se benefició el PRI que el PAN.

No obstante, independientemente de la interpretación de unos y de otros, la última palabra la tendrán, primero el INE, mismo que es el responsable de otorgar las plurinominales de acuerdo al porcentaje de votación que obtuvieron en las urnas cada uno de los partidos políticos por separado.

Después de ello, el Tribual Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tendrá en sus manos la calificación final de la lista de acuerdo al porcentaje obtenido, para confirmar los 500 legisladores que conformarán la Cámara de Diputados la próxima legislatura; así como los 128 que serán parte del Senado de la República.

Pero más allá de las interpretaciones que cada quien puede tener de si Morena y aliados se merecen o no la sobrerrepresentación que el TEPJF le otorgue, aquí los mexicanos debemos pensar en si la oposición con sus evidentes guerras internas, merece más escaños o curules, cuando, insisto, prevalecen más sus intereses y ambiciones de grupo, que un compromiso real de impulsar mejoras para el pueblo de México.

¿Realmente queremos quitarle la mayoría calificada a Morena y aliados para darle más espacios en ambas cámaras al PRI y el PAN? Cuando, si tenemos memoria histórica, sabemos el daño que ambos partidos le hicieron a México durante más de 35 años de neoliberalismo.

No me cabe ninguna duda que, si logran la mayoría calificada, Morena y aliados, así como la próxima presidenta de México Claudia Sheinbaum, tendrán una enorme responsabilidad de hacer los cambios constitucionales necesarios para conseguir los grandes objetivos de ofrecer a los mexicanos mayor equidad, inclusión e igualdad a través de reducir la pobreza y mejorar la calidad en salud, bienestar y servicios para todos.

Sin embargo, no me gustaría tener una representación de la oposición que se vuelva un dique a cualquier intento por seguir con la transformación de México, y menos se me haría justo que obtuvieran espacios políticos para chantajear al gobierno de Claudia Sheinbaum, o trabar el propósito de buscar un crecimiento económico más incluyente que permita a todos los sectores sociales mejorar su calidad de vida o empresarial o de inversionista.

 

 

 

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Alito Moreno y Marko Cortés, En cualquier otra parte del mundo una derrota de tales dimensiones conllevaría la renuncia por dignidad de cualquier dirigente partidista
Alito Moreno y Marko Cortés, En cualquier otra parte del mundo una derrota de tales dimensiones conllevaría la renuncia por dignidad de cualquier dirigente partidista

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