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Columna: Parlamento y Debate

La estridencia, el argumento de María Lilly del Carmen Téllez García

Senadora María Lilly del Carmen Téllez García con ojos saltones
Senadora María Lilly del Carmen Téllez García con ojos saltones

Por Jaime Balderas Alarcón

La semana pasada quienes suelen ver los debates en el Congreso de la Unión, pudimos disfrutar de algo inédito: el escándalo al por mayor, un debate sin fundamento, pero con mucha estridencia, un debate sin argumentos, pero con muchos gritos al estilo hitleriano.

Todo mundo (bueno, es un decir) vimos cómo la “periodista”-senadora María Lilly del Carmen Téllez García se lucía gritando sin ton ni son, como maestra golpeadora que le ordena a los niños que piden permiso para ir al baño: usted cállese y siéntese que para ir al baño tiene la hora del recreo.

Lilly Téllez, con dotes de pregonera más que de oradora, parecía una verdulera de la Merced (y aquí pido mil perdones para las señoras que venden verduras en ese mercado), y con ojos saltones, gritaba, injuriaba, denigraba cual Hitler a los judíos, a sus otrora compañeros de bancada: “bola de corruptos”…. “cero a la izquierda”.

Lilly Téllez regalaba -a quienes la veíamos en la pantalla del debate legislativo-, sin darse cuenta por su mucha estridencia que vomitaba, su verdadero ser: una mujer clasista y vengativa.

Mientras a la izquierda los denigraba con insultos, a la derecha le rendía pleitesía: “buenas tardes senadores”, les decía a sus correligionarios del PAN.

Pero mientras Téllez García ofendía y descalificaba a los senadores y senadoras de Morena -en ninguna parte de su discurso refirió un solo argumento para fundamentar su voto en contra de la reforma que estaba en discusión: el 5º Transitorio Constitucional relativo a la Guardia Nacional-, el Presidente de la Mesa Directiva no sabía cómo aplicar el reglamento, que prohíbe al orador en tribuna dirigirse directamente a un senador en sus escaños.

En lugar de tomar la palabra, Alejandro Armenta, presidente de la Mesa Directiva, sólo atinaba a titubear mientras la senadora María se adueñaba del show, de su show.

“Usted, líder sindical, ¡siéntese y cállese!…, (mientras lo señalaba con el dedo flamígero) ¡sentadito y calladito!…, ¡que se siente y que se calle!, que es mi turno, líder sindical, ¡sentado y callado! Napoleón y ¡espere sus croquetas!” le recetaba a gritos al senador Napoleón Gómez Urrutia que si bien no le aceptó la pregunta que le haría, sí tenía derecho a participar por las nociones personales que hizo la senadora “periodista” sonorense.

Pero el éxtasis de Téllez fue cuando se desgañitaba gritando a los cuatro vientos: “Ustedes de Morena no van a votar… y que se escuche bien, ustedes de Morena no van a votar ¡como perros!, por huesos y croquetas. Ustedes van a votar ¡como hienas!, a la espera de las sobras apestosas que les avienta el Presidente que pudre todo lo que toca”.

En algo tuvo razón María Lilly del Carmen Téllez García: ella es un ejemplo de “las sobras apestosas que pudre el Presidente”.

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