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¿La gentrificación es positiva? Hacia una Ciudad de derechos

Artículo Invitado

Gentrificación

Por Missael Rojas Mejía


¿La gentrificación es positiva? Hacia una Ciudad de derechos


Misael Rojas Mejía estudio Filosofía y Filosofía Política en la UAM y la UNAM y su experiencia está basada en la defensa de los derechos humanos y migración
Misael Rojas Mejía estudio Filosofía y Filosofía Política en la UAM y la UNAM y su experiencia está basada en la defensa de los derechos humanos y migración

Agencia Parlamento y Debate.- Es un hecho: la gentrificación ha cobrado relevancia local y nacional, particularmente después de la primera marcha en contra de este fenómeno (4 de julio de 2025). Lejos de generar consenso sobre sus efectos negativos, la gentrificación se ha convertido en un nuevo campo de batalla política, económica y de horizonte de ciudad. Para bien, desde mi perspectiva, porque enriquece el debate político y ayuda mejorar propuestas de atención a la problemática.

En este nuevo remolino de textos, deliberaciones, opiniones o propuestas de atención vertidos sobre el tema, existe una idea que se diferencia radicalmente de las enunciadas hasta ahora en marchas y protestas: es la que refiere que la gentrificación es positiva o tiene un lado positivo. Por sus implicaciones, vale la pena reflexionar sobre ella.

En general,  esta postura refiere que la gentrificación es un proceso positivo básicamente  por dos razones: la primera, porque ayuda a renovar barrios y colonias pauperizadas, inseguras, que se encuentran en proceso de decadencia originado por fenómenos naturales o abandono institucional, modernizándolos y convirtiéndolos en vibrantes destinos turísticos (que relacionan con la apertura de bares, restaurantes, hoteles, servicios públicos, nueva imagen); segundo, porque impulsa el desarrollo económico de la zona.

Según sus defensores, si se regulara este fenómeno, no sólo se arrastraría a estos barrios a una nueva pauperización, sino que detendrían el virtuoso circulo económico que generan las nuevas ofertas y sus consumidores. Por tanto, consideran que se trata de un error pedir que el gobierno intervenga para detener o regular este proceso.

Sobre la población expulsada, afirman que, si bien es verdad que los residentes originarios tienen que irse de las zonas por el incremento en el costo de vida (y que tienen incluso derecho a enojarse y protestar, faltaba mas), esto no debería ser razón suficiente para detener los procesos de gentrificación, toda vez que sus beneficios son superiores a los efectos negativos que generan. En otras palabras, señalan que el desplazamiento de las personas es lo de menos frente al desarrollo económico de la zona y su “vibrante” renovación.

Esta idea sobre la gentrificación, con sus argumentos y su conclusión, son problemáticos en varios aspectos importantes. Veamos.

Primero, se trata de un error conceptual porque la ´gentrificación´no pone énfasis en la renovación de colonias o barrios, de sus habitantes o sus restaurantes y tiendas. Ruth Glass en 1964 y la literatura especializada posterior (con sus respectivas variantes), utilizan el concepto para visibilizar las consecuencias negativas que genera este fenómeno en los habitantes. Se refieren al desplazamiento o expulsión  de los residentes locales debido al incremento del costo de vida en una zona, producido por un proceso de apropiación, especulación inmobiliaria, acumulación e inversión de capital.

Esto es importante porque renovaciones barriales, mejoras urbanas, etc., no son lo mismo ni implica gentrificación. Por ejemplo, en la Ciudad de México se han llevado a cabo renovaciones de parques y polígonos habitacionales por la hoy presidenta Claudia Sheinbaum o las Utopías que construyó la actual Jefa de Gobierno, Clara Brugada, en Iztapalapa, sin que esto haya derivado en el desplazamiento de la población originaria por otras de mayor poder adquisitivo con una lógica económica, especulativa o rentista. Es un error metodológico (e interesado) centrarse en un aspecto secundario del concepto.

En segundo lugar, existe un problema ético que es incluso más importante porque sustenta proyectos políticos y políticas públicas: la priorización del desarrollo económico por sobre la vida de los habitantes de las zonas gentrificadas.

Así, ¿es más importante tener restaurantes (aunque sean de clase mundial, como dijo un analista), tiendas boutique, bares, hoteles, etc.? ¿es deseable que los habitantes originarios tengan que modificar su vida a tal punto que sea imposible seguir viviendo en los sitios donde nacieron, crecieron, desarrollaron su vida y, para muchos casos, donde desarrollan los últimos años de vida, para satisfacer un tipo de desarrollo económico que sólo los interpela de forma negativa?. Claramente no. Va contra el bienestar y la dignidad humana.

La gentrificación originariamente se asienta en la desigualdad. No es un círculo económico virtuoso ni mucho menos. Quien tiene recursos puede invertir, especular, vender y comprar,  desplazando a los más desfavorecidos a partir de una lógica de acumulación de capital. Su desenvolvimiento beneficia a pocos y afecta negativamente  a miles de familias, acentuando y perpetuando la desigualdad inicial.

Adicionalmente, con la gentrificación se ponen en riesgo derechos establecidos en la Constitución de la Ciudad, como el derecho a la vivienda, el derecho a la ciudad, el derecho a la igualdad y a la no discriminación, entre otros, por lo que el gobierno de la Ciudad tiene la responsabilidad de garantizar su cumplimiento.

Para terminar,  debemos escapar a posiciones reduccionistas como renovación o pauperización, desarrollo económico o pobreza de los barrios. Se puede renovar un barrio sin desplazar; se puede embellecer un barrio asegurando que sus habitantes vivan con dignidad, sin temor a quedarse en la calle; se puede generar desarrollo económico apostando por el bienestar de todas y todos; se puede construir una ciudad habitable, asequible, con identidad y arraigo local.

La gentrificación no es ni puede ser positiva ni conceptual ni éticamente. Es necesario regularla como ha propuesto el Gobierno de la Ciudad de México en los últimos días con las 14 medidas, anteponiendo los derechos de las personas al sólo desarrollo económico. Para lograr esto, por supuesto, se requiere del diálogo abierto, sin lineas rojas, con la firme intención de constituir una ciudad en la que todos sus habitantes sean integrados.

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La gentrificación originariamente se asienta en la desigualdad y no es un círculo económico virtuoso
La gentrificación originariamente se asienta en la desigualdad y no es un círculo económico virtuoso

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