Columna
Café con Adorno
Por Raúl Adorno Jiménez
La Malinche vuelve a seducir a la derecha mexicana

Agencia Parlamento y Debate.- México vive momentos históricos de máxima tensión en su relación con Estados Unidos, con un presidente de la nación de la barra y las estrellas que se cree emperador y con todo el derecho de pisotear soberanías y autonomías del país o Estado que se le antoje, y por desgracia hoy más que nunca toma vigencia aquella frase de “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.
Tener en la frontera norte a la nación más poderosa del mundo, por supuesto, ha representado siempre un riego para nuestro país, pues significó la pérdida de más del 50 por ciento de nuestro territorio en los años 1800, así como invasiones que violaron nuestra soberanía nacional y que tuvieron que ser saldadas con acuerdos muy injustos para el pueblo mexicano, sin descontar su descarado intervencionismo para derrocar en su momento al presidente Francisco I. Madero, en los tiempos de la Revolución Mexicana.
Sin embargo, México durante su historia ha transitado con el mayor decoro posible una relación bilateral a todas luces desigual, ante el poderío económico y militar que tiene Estados Unidos, que a veces más a veces menos, siempre ha tratado de intervenir en nuestros asuntos internos, pues nos considera el patio trasero de su zona de influencia.
En las actuales circunstancias, nuestra nación vuelve a sufrir una andanada intervencionista de parte del gobierno de Donald Trump que, con el pretexto del combate al narcotráfico, no sólo mantiene amenazada la economía de México con los constantes vaivenes de la imposición de aranceles, sino que deja entrever la posibilidad de una intervención armada para supuestamente enfrentar a los grupos criminales que tienen presencia en nuestro territorio.
De muy poco han servido los esfuerzos del equipo de seguridad pública de la presidenta Claudia Sheinbaum para demostrar que con nuestras propias fuerzas judiciales se puede combatir con éxito a la delincuencia organizada, como lo demuestran las miles de detenciones de criminales generadores de violencia, la destrucción de narcolaboratorios, así como los enormes decomisos de fentanilo, drogas en general y el huachicol.
La Casa Blanca que habita Donald Trump quiere más y seguramente quiere inmiscuir sus narices hasta lo más recóndito de la vida pública de nuestro país y lo peor del caso es que cuenta con las simpatías de esa oposición que, por más que hace, no resta ni un punto porcentual de las encuestas en las preferencias a favor de la presidenta Claudia Sheinbaum y que mantienen firme la propuesta de gobierno de la Cuarta Transformación.
Sólo basta revisar los mensajes en las redes sociales, particularmente las cuentas de X, para detectar que el fantasma de la maldición de Malinche vuelve a rondar entre los pasillos de esa oposición de derecha o la comentocracia que añora los privilegios que tenía en los regímenes del PRIAN, por lo que claman la intervención estadounidense para mermar la fuerza de un gobierno de izquierda que cada vez tiene mayor presencia entre el electorado, mientras que la oposición, particularmente el PAN, apenas si alcanzan el mínimo de militantes para no perder su registro.
Es patética la posición de la diputada panista Mariana Gómez del Campo, sobrina de Margarita Zavala, esposa del impresentable tomandante Felipe Calderón, que presume en redes sociales que envió una carta al secretario de Estado de la Unión Americana, Marco Rubio, para que, según ella, “nos ayude a hacer públicos los nombres de los narcopolíticos que están haciendo todo lo posible para destruir a nuestro querido México”.
La legisladora de la derecha continúa diciendo que “no podemos permitir que el crimen organizado siga infiltrándose en las instituciones de nuestro país sin ninguna consecuencia”. Para empezar, Gómez del Campo debería morderse la lengua, pues en una de esas aparece el nombre del ex presidente Felipe Calderón.
En su video, la panista acusa sin presentar pruebas que hay infiltrados del narcotráfico en nuestras instituciones, mientras que el único infiltrado fue nada más ni nada menos que Genaro García Luna, quien fuera el Secretario de Seguridad Pública en el sexenio calderonista. El ex funcionario enfrenta hoy una pena de más de 30 años en un penal de máxima seguridad en Estados Unidos, por sus presuntos nexos con el narcotráfico.
Seguramente la legisladora se pondrá feliz, junto con toda la diminuta oposición y comentocracia que, al perder cada vez más presencia entre el electorado, aspira a que desde el exterior vengan a salvarlos y llevarlos nuevamente al poder, sin importar el repudio que esto traería entre la mayoría de los mexicanos.
Recuperar un poder que tuvieron y que perdieron por implementar políticas que sólo enriquecieron a unos cuantos, junto con el contubernio de funcionarios corruptos, y mantenía en condiciones de pobreza a más de 50 millones de mexicanos. Ese PRIAN, cuya principal aspiración era ofrecerle al mejor postor nuestro petróleo, el sector energético, nuestra minería y todos los recursos naturales.
Ahora que la derecha y la contra de la 4-T pide a gritos la intervención del gobierno estadounidense a nuestros asuntos internos, es momento de cerrar filas con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien en contra parte, una y otra vez ha enarbolado el nacionalismo y el patriotismo como defensa de nuestra soberanía, y como las mejores armas para impulsar nuestro desarrollo social y económico.
La jefa del Ejecutivo también ha dejado claro, al comentar sobre los señalamientos del presidente estadounidense sobre una supuesta falta de acción contra el fentanilo, que Estados Unidos también debe hacer su parte, pues no hay que olvidar que sigue siendo el principal consumidor de enervantes del mundo, de tal manera que es necesario reiterar: hay colaboración y coordinación, nunca subordinación.
Contra quienes se ponen de rodillas y suspiran porque el gobierno gringo venga a salvarlos, la presidenta Sheinbaum ha expresado en diversas ocasiones “siempre tendremos la frente en alto, México es un país libre, independiente y soberano”.
Desde el momento en que el gobierno de Donald Trump decidió catalogar como terroristas a los carteles de la delincuencia organizada, dejando la puerta abierta a una posible intervención armada, la presidenta Sheinbaum fue enfática al señalar que estamos dispuestos a colaborar, coordinarnos, trabajar juntos, pero sin injerencismo y sin violación a la soberanía nacional.




