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Que no le digan… Por Mario A. Medina: Por su propia columna mueren

Columna

Que no le digan… 

Por Mario A.  Medina 


Por su propia columna mueren


 

Mario A. Medina, Que no le Digan...
Mario A. Medina, Que no le Digan…

 

Agencia Parlamento y Debate.- Jacobo Zabludovsky, en los últimos 30 años del siglo pasado se convirtió en un ícono del periodismo, del «Cuarto Poder» en México. Seguramente aún en  el recuerdo  de millones de mexicanos está la imagen del comunicador, con unos grandes audífonos de diadema, de quien encabezó el noticiero 24 Horas de Televisa.

 

Durante cinco sexenios, desde Luis Echeverría y hasta Ernesto Zedillo, Zabludovsky estuvo siempre cercano al poder. La población se informaba prácticamente sólo a través de él. Era el «boletinero» oficial;  se afirmaba, y con mucha razón: “Jacobo con sólo una mueca hace un editorial”.

 

Calificaba o descalificaba, según conviniera al gobierno en turno. Era uno de los “soldados del PRI”, igual que su patrón, dueño de Telesistema Mexicano, después Televisa, Emilio Azcárraga Milmo.

 

Como a él, muchos de quienes se convirtieron en sus «alumnos», hicieron un periodismo que ensalzaba a los gobiernos emanados del PRI, pero también del PAN. Eran, convenientemente, «apapachados», bien recompensados.

 

Conductores de televisión, radio, columnistas; desde luego caricaturistas, aplaudían los «resultados» y, desde sus tribunas, con sus cometarios, notas manipuladoras y/o falsas, mandaban al “paredón” a quien era un “peligro” para esos gobiernos. “Alquilaban” sus plumas para mandar mensajes de algún “amigo” político; promovían o defenestraban a quien su cliente le pedía: “Ahí como cosa tuya”. Esta era la frase mágica.

 

Ellos, los todos poderosos, se convirtieron en personajes que lo sabían todo. “La verdad estaba de su lado”. Se presentaban ante la “opinión pública” como periodistas «prestigiados»; claro, sus «servicios» eran bien remunerados. Efectivamente tenían un gran poder.

 

Esta prensa es heredera de aquella que le aplaudía al gobierno de Porfirio Díaz; igual lo hacían intelectuales de esos tiempos. Por eso, al llegar al poder el presidente Francisco I. Madero se vio bombardeado por esos periodistas a través de editoriales, artículos de opinión, crónicas, caricaturas, reportajes, después de que el coahuilense «retiró del erario a los periodistas y dejó de subvencionar a los diarios» que habían sido apoyados por el régimen porfirista.

 

Más de 120 años después, hemos vivimos una situación muy similar a la que se existió en aquel momento. Aquellos grupos de periodistas e intelectuales que «crecieron a la sombra del porfiriato vieron desmoronarse un castillo pletórico de canonjías y privilegios». (Jesús Méndez Reyes; la prensa opositora al maderismo, trinchera de la reacción. El caso del periódico El Mañana).

 

Andrés Manuel López Obrador, les quitó los «apapachos» (decit, Héctor Aguilar Camín); pero también exhibió su modos operandi. Mostró su radiografía: Quiénes han sido y a quiénes ha servido y para qué propósitos; no al periodismo, no a la verdad, no a la población como pregonan.

 

La relación prensa-AMLO ha sido complicada, particularmente -igual que con Madero-, cuando el tabasqueño les quitó privilegios, publicidad, exenciones, el “chayo”, pues.

 

Las conferencias de prensa, las «mañaneras» se convirtieron -opinan en France 24-, «se han caracterizado por la búsqueda de un modelo más abierto y próximo a la ciudadanía», en comparación con Enrique Peña Nieto quien tuvo contadas comparecencias públicas con los medios”.

 

Un asunto que no hay que perder del radar en esta relación, es el hecho de que durante más de 36 años, López Obrador enfrentó una durísima campaña de los medios, de reporteros, de intelectuales orquestada desde los gobiernos priístas y panistas, pero también de la derecha empresarial.

 

Estoy convencido, lo he dicho antes en este espacio, el presidente “estiró demasiado” la liga en esta relación; buscó “cobrárselas”, producto, supongo, de un resentimiento acumulado. En estos seis años ejerció su derecho de réplica, pero la confrontación fue lo que más lo animó, aunque creo se le pasó la mano, cuando exhibió asuntos personales de aquellos.

 

El periodismo no sólo debe informar lo más cercano a la verdad; los periodistas tienen derecho a disentir, a criticar pero no a manipular, a no “golpear” políticamente para favorecer a ciertos intereses.

 

Una cosa es cierta, muchos medios, periodistas, articulistas, que  está de menos decir sus nombres aquí, pues son de sobra conocidos, su “credibilidad” y “prestigio” están perdidos, o al menos fuertemente deterioradas, y no porque López Obrador los haya descalificado, sino por su historial, porque como arriba señalaba, la población tiene una mejor idea de quiénes han sido y a quiénes ha servido y para qué propósitos; no al periodismo, no a la verdad, no a la población como pregonan.

 

Sabemos quiénes son. Uno de ellos, «afamado» columnista, sin rubor alguno se atrevió a afirmar: “la verdad ya es irrelevante”; y es que sí, por su propia pluma mueren.

 

*Que no le cuenten…*

Cuando se acordó crear el órgano de difusión del Partido Mexicano Socialista (PMS), allá por 1987, a Gerardo Unzueta (Director), un militante que venía del Partido Comunista Mexicano (PCM), y quien llegó a entrevistar al Ché Guevara, propuso “La Imagen del Poder”. Cada semana aparecía la fotografía de algún funcionario del salinismo que dejaba ver, en sí misma, ese poder descomunal de aquel gobierno, del neoliberalismo “triunfante”.

 

La fotografía de Luis Castillo del jueves en primera plana de La Jornada: “Claudio X. González, rechazado”, no podrá ser “La Imagen del Poder”, es “La Imagen de la Derrota” de ese sistema político-económico.

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